Factura energética en España

Leyendo un post reciente sobre Siria del magnífico blog de Gail Tverberg, he recordado discusiones que tuve con una colega sobre las repercusiones para los países exportadores de petróleo del hecho de convertirse en importadores. El contexto era la liberalización del sector energético (generación eléctrica y gas) en Argentina, su reciente cambio a ser importador neto de gas, su futuro cambio a importador de petróleo (en 2014 muy probablemente) y la expropiación de YPF por parte del Estado de Argentina. Coincidiamos en que la mayor dependencia del exterior estaba detrás de la expropiación, así como la necesidad de reducir el coste del aprovisionamiento energético.

Tverberg da un giro al argumento y defiende que Siria, y antes Egipto, han sufrido crisis sociales agudas y violentas en el momento en que se han convertido en importadores netos de energía, cuando el régimen ya no podía subsidiar el acceso a los servicios básicos y a algunos bienes de primera necesidad con los ingresos de los combustibles fósiles. La carga creciente de la factura energética ha detraido recursos que ahora tienen que dedicarse a las importaciones de energía y han hecho a esos países no solo más pobres, sino más dependientes del exterior.

Posteriormente he leído este post del también magnífico blog de Antonio Turiel en el que, con la ayuda de la página web Flujos de Energía, nos muestra una selección de países que podrían estar próximos a ser importadores netos de combustibles fósiles. Como bién dice Turiel, no se debe deducir a la ligera que inmediatamente después de convertirse en importador neto un país sufrirá una crisis social violenta como en el caso de Siria, pero sí podemos avanzar que sus problemas económicos se agravarán. El post termina con una figura que muestra la enorme dependencia energética de España y que reproduzco a continuación (Figura 1). Nos hace la advertencia de la gravedad de la situación en nuestro país y de que el consumo de petróleo ya está bajando.

Figura 1. Dependencia exterior en el consumo de petróleo en España

Spain_OilImports

Fuente: http://mazamascience.com/OilExport/

En un post anterior ya analicé la dependencia energética española. Allí ya puse de manifiesto el problema creciente de la factura energética del país, es decir, el coste de las importaciones netas de combustibles. Allí mencionaba un trabajo de Charlie Hall que establecía en poco más del 5% del PIB el límite para que la factura energética tuviese enormes implicaciones económicas para la economía de los Estados Unidos.

Figura 2. Factura energética en España (1995-2012)

SaldoEnergetico

Fuente: Puedes bajar el archivo excel con los datos, las fuentes y la figura aquí.

Desgraciadamente, la situación en España está solo empeorando. Como podemos observar en la Figura 2 el déficit energético alcanzó en 2012 su nivel máximo, por encima de los 45.000 millones de euros (linea azul y eje izquierdo). En términos relativos también se alcanzó un máximo histórico, pasando a representar un 4,42% del PIB (linea negra, eje derecho). Esto quiere decir que la economía española gastó un 4,42% de su producción anual en garantizar el suministro de energía necesario para su funcionamiento, a pesar de que está reduciendo su nivel de consumo de una manera muy importante desde su máximo en 2007 (Figura 3). De hecho, por primera vez en la historia el déficit energético fue superior al déficit comercial, lo que quiere decir que hubo superavit no energético. 

Figura 3. Consumo de petróleo en España en MT, 1995-2012

ConsumoPetróleo

Fuente: Ver Figura 2.

La situación es más grave si no nos quedamos solo con el último dato, pero vemos la tendencia. Claramente tanto el déficit energético como su peso relativo en el PIB van en aumento, anticipando que el país se está empobreciendo y está transfiriendo cantidades cada vez mayores de renta a los países exportadores de los que dependemos. Quizás de esta manera podamos entender mejor la cada vez mayor presencia de empresas rusas y del Golfo Pérsico en nuestro país.

Si, como vimos aquí, existe una estrecha relación entre crecimiento económico y consumo de energía, un mayor nivel de actividad económica implicará irremediablemente un mayor consumo de energía, que a precios mayores de los combustibles fósiles, no hará otra cosa que aumentar nuestro ya elevado déficit energético. Esto quiere decir que el país tendrá cada año menos renta disponible para el resto de usos: consumo e inversión privados y gasto público, y que estaremos transfiriendo cada año másrenta a los países exportadores de combustibles fósiles. En resumen, creceremos para pagar cada vez más por la energía necesaria para ese crecimiento, y no nos beneficiaremos de ese crecimiento en términos de más puestos de trabajo o de mejores niveles de vida material.

Ante esta situación solo cabe la adaptación. Dado que la energía será más cara, si no queremos ser más pobres todavía tendremos que reducir su consumo. Ahora bién, esta reducción tampoco es gratis e implicará que algunos bienes y servicios que hasta hace poco eran considerados como accesibles pueden dejar de serlo, como los viajes y muchas otras actividades de ocio. La sociedad está cambiando y negarlo, o esconder la cabeza como las avestruces, no tiene sentido. Hay que afrontar de manera decidida el cambio necesario y planificar nuestra transición a un modelo que estará caracterizado por una menor disponibilidad de energía y a un coste mayor.

Más información sobre metabolismo de las sociedades en la web de nuestro grupo de investigación, Societal Metabolism.

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